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Implicaciones digitales en la economía circular

Vulgar lengua. Este es el título de un libro publicado recientemente sobre la última intervención pública de Pier Paolo Pasolini en 1975, quince días antes de morir asesinado en la playa de Ostia (Roma). En este sentido, decía Antonio Muñoz Molina, en un artículo escrito recientemente sobre esta obra, La verdad a cualquier precio, que “[…] Lo que él [Pasolini] vio venir y contra lo que clamó en solitario fue la Edad de la Basura: la basura material de las mercancías superfluas que ahora convierte en vertederos de plástico los fondos marinos y las playas de las islas perdidas; la basura de la televisión que iba a trastornar Italia desde los tiempos de Berlusconi y luego nos contagió a nosotros, y ahí sigue, segregando su grosería como un vertido tóxico incesante, sin que nadie clame en serio contra ella, no vaya a parecer retrógrado, o anticuado, o nostálgico”.

Mientras que el paradigma de la economía lineal está basado en el proceso producir, consumir y tirar, el de la economía circular establece un círculo virtuoso basado en producir, consumir y reutilizar-reparar-reciclar, para devolver a la sociedad productos que se pueden volver a consumir y reutilizar, con una intervención masiva de corte digital a través de los nuevos procesos industriales con tecnologías robotizadas. Una muestra muy interesante de este ciclo virtuoso es la que se lleva a cabo en la actualidad en Viena a través de una sociedad de transformación de residuos mediante incineración, Spittelau, incluida en rutas turísticas como si de una obra de arte más se tratara. Presumen, con razón, de que el estudio Mercer 2017 ha elegido a Viena por octava vez consecutiva como número uno mundial en el ranking de las ciudades con mejor calidad de vida, gracias a proyectos como el citado, entre otros.

SPITTELAU

Spittelau. Planta incineradora de residuos

La Edad de la Basura que atacó duramente Pasolini en aquel acto llevado a cabo en un Instituto italiano de Lecce, hace cuarenta años, junto a profesores y alumnos que debían tomar conciencia de cómo había que cuidar el mundo, su mundo, nos permite hoy pensar que gracias a la Edad Digital podemos aportar nuevos valores a lo que tan alegremente desechamos, tomando una severa lección de que es imprescindible construir y legislar rápidamente en torno a la economía circular con la ayuda de la revolución digital que tanto le aporta. La Administración Pública debería liderar este proceso revolucionario incorporando también la economía circular en sus políticas digitales sustentadas por las TIC, rescatando del olvido una palabra: reutilización de la inteligencia pública digital que ha desarrollado sistemas de información de una importancia extrema para la ciudadanía en ámbitos cruciales como educación y salud, para no seguir gastando, que no invirtiendo, dinero público en desarrollos innecesarios e infraestructuras múltiples costosísimas y sin sentido alguno en el mundo actual de la consolidación digital. Se podría crear un Public Store, transparente y respetando el principio de economía circular de carácter público y el de publicidad intensiva como derecho digital, desde donde se pudieran descargar en alta disponibilidad y desde las diferentes Administraciones, aplicaciones y apps que ya son un éxito en su implantación local, trascendiendo las fronteras de las Comunidades Autónomas y traduciendo un alto sentido de Estado Digital, sin dejar atrás en este acceso a la ciudadanía, en el más amplio sentido de la palabra, para que pudieran acceder/reutilizar aquellos desarrollos y apps que fueran necesarios en la vida ordinaria privada y colectiva. Hay que tener en cuenta que se desarrollan y adquieren con dinero público, en tiempo público y en espacios públicos. Perdón por la expresión, pero creo que otro gallo digital cantaría.

Quizá ayude a comprender bien este planteamiento si se repasa el vocabulario digital que planteé en 2016, abordándolo ahora en el contexto de economía circular expuesto anteriormente, en una de sus palabras mágicas, reutilización, entendida como la capacidad del Gobierno Digital para utilizar e intercambiar sistemas y tecnologías de la información y comunicación ya existentes, con calidad certificada y que se ponen a disposición del país y de su ciudadanía, a través del Gobierno/Almacén Digital correspondiente, evitando gasto público digital innecesario, que supondrá obtener economías de escala muy considerables y la interoperabilidad necesaria e imprescindible para compartir productos y servicios digitales ya experimentados satisfactoriamente o a implantar, respetando siempre el gran principio de equidad en la accesibilidad digital.

Vulgar lengua o nuevo lenguaje digital, ahí está la cuestión de un progreso bien entendido. Hice mi primera aproximación sobre las nuevas palabras responsables en el ámbito digital a modo de vocabulario urgente y sería bueno cuidarlas. Dije en aquella ocasión que solo destacaba catorce palabras o constructos, digitales por supuesto, que se pueden considerar jerga digital de casi obligado conocimiento, con ánimo descriptivo, representativo y no exhaustivo. Es más, me atrevería a decir que estamos obligatoriamente obligados a conocerlas y comprenderlas en su justo significado, máxime cuando se deberían considerar como objetivos y funciones integrados en una futura Ley de Política Digital, en la que se reconocieran derechos y deberes digitales de amplio espectro.

Instalado en la Edad Digital que convive con la de la Basura, comencé este artículo con motivo de un encuentro casual con Pasolini, que creó una escuela digna de ser explicada. Partiendo de su modo y manera de ser, luchó por rescatar el lenguaje cercano al cine del proletariado. Vulgar lengua. Nadie se puede imaginar, sin cierta sorpresa, a Pasolini cerca de Vittorio de Sica. Quizá esta didáctica del costumbrismo italiano llevó a nuestro autor-director de escena a revolverse y comprometerse con la sociedad a través del cine, medio de expresión desconcertante en nuestra sociedad contemporánea y que ha alcanzado una calidad técnica insospechada hace pocos años a través de la digitalización sofisticada de las imágenes.

La dialéctica pasoliniana estaba precisamente en esa denuncia de la corrupción personal y social de la moral establecida, farisaica en la mayor parte de las ocasiones. El canto al hombre total a lo largo de su obra, belleza cósmica, verdad acrisolada por el amor a los cuatro vientos, la denuncia de todos los totalitarismos, por ejemplo el que nos ocupa hoy a través del consumismo feroz de usar y tirar preconizado por la economía lineal frente a la circular, incluyendo también el del amor establecido en normas legales y religiosas más o menos vigentes, es un magnífico título de crédito para una obra jamás filmada: la de la vida de cada uno en el compromiso sencillo/difícil de existir, siendo copartícipe y compañero de los más pobres de la tierra, los pobres del Señor, que él gustaba llamar, imbuido de un marcado carácter sacral en su fotocomposición diaria de la vida, real como ella misma. Eso sí, teniendo hoy muy presente la vulgar lengua de los nativos digitales, por supuesto.

IMMONDEZZE

Durante mi larga estancia en Roma, en aquellos años de vivencias de la obra de Pasolini, me sorprendía ver en los muros desconchados de la ciudad “eterna” unos carteles grabados en mármol travertino con cincel y martillo, en los que se recordaba a la ciudadanía ordenanzas del siglo XVIII muy precisas, prohibiéndose tirar “inmundicias de cualquier clase” a la calle (1), que luego retrató Rafael Alberti de forma excelente en “Roma, peligro para caminantes” en un soneto muy descriptivo y metafórico “Si proibisce di buttare inmondezze”: “Cáscaras, trapos, tronchos, cascarones, / latas, alambres, vidrios, bacinetas, / restos de autos y motocicletas, / botes, botas, papeles y cartones. […] Fuentes que cantan, gritos que pregonan, / arcos, columnas, puertas que blasonan / nombres ilustres, seculares brillos. / Y entre tanta grandeza y tanto andrajo, / una mano que pinta noche abajo / por las paredes hoces y martillos”. La Edad de la Basura, que decía su contemporáneo Pier Paolo Pasolini, que todavía perdura en el mundo “eterno”, con su vulgar lenguaje.

Sevilla, 3/VII/2017

(1) http://fiumewang.blogspot.com.es/2014/12/la-eterna-citta.html

NOTA: el vídeo que encabeza este artículo lo he elegido por ser un ejemplo claro de las implicaciones digitales de ECOEMBES en la economía circular y como símbolo de agradecimiento por la oportunidad que ofreció a este país, en la Navidad de 2015, para conocer una experiencia extraordinaria de reciclaje en el vertedero Cateura, en Asunción (Paraguay), donde se recicla para la dignidad. La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, dirigida por Favio Chávez, formada por niños, niñas, adolescentes y jóvenes de escasos recursos que viven en la comunidad del Bañado Sur, ubicada alrededor del vertedero Cateura en Asunción (Paraguay), tiene como seña de identidad la interpretación de obras musicales con instrumentos reciclados elaborados a partir de basura rescatada del vertedero. Una experiencia aleccionadora que recomiendo conocer con el detalle que merece.

El mundo digital es exponencial

Cuando vuelvo del corazón a los asuntos digitales, suelo abrir la biblioteca de mi memoria de hipocampo para recordar algo que aprendí en mis primeros pasos de investigación sobre estrategias públicas digitales. Entre las páginas que no olvido están las subrayadas en un libro de título atrevido, Aplicaciones asesinas (Downes y Mui, 1999) (1), porque es un compendio muy práctico sobre el futuro del mundo digital, que se ha cumplido con creces. Destaco, sobre todo, el análisis diferencial entre planificación estratégica de viejo cuño y la estrategia digital que en aquellos años daba sus primeros pasos. ¿Dónde estaba el secreto? Fundamentalmente en tres grandes piedras angulares de la revolución digital, la ley de Moore, la de Metcalfe y la que alumbraba el libro como inmediata, la de la Perturbación, con un denominador común para las tres: su desarrollo exponencial, que se aproximaba hace veinte años pero que ya miramos por el espejo retrovisor de la historia como algo que ocurrió y que se hace patente hoy abriéndose paso ante las nuevas tendencias fronterizas con la sociedad exponencial y el marco ético de toda la vida que seguimos aplicando, como si todo fuera igual, a todo lo que se mueve y progresa en el mundo digital.

La realidad de las redes en la sociedad actual, así como la de las leyes inexorables de las estrategias digitales de la sociedad global, es decir, la ley de Moore (preconizó que en el futuro inmediato, cada dieciocho meses, se duplicaría la densidad de los chips, mientras que su coste permanecería constante), la de Metcalfe (las redes, ya sean de teléfonos, de ordenadores o de personas, incrementaban extraordinariamente su valor con la incorporación de un nuevo nodo o usuario; la utilidad que tiene una red se valora por el cuadrado del número de sus usuarios) y la de la Perturbación (cuando los sistemas sociales mejoran de forma geométrica, la tecnología mejora de forma exponencial y a medida que se hace mayor la diferencia entre las dos formas, también se incrementa la posibilidad de que tenga lugar un cambio revolucionario, no continuo y perturbador), hace que la inteligencia digital -social, en definitiva- tenga que debatirse en una nueva estrategia digital mundial. En este contexto, muchas veces se sacrifica el concepto tradicional de inteligencia, como mero conocimiento acumulativo, haciéndose más necesario cada día insertar en la vida ordinaria el constructo “inteligencia digital”, de gran impacto social porque permite comprender en toda su extensión la proyección exponencial digital de la sociedad actual.

Con ocasión de la preparación de mi participación como ponente en un Coloquio sobre prolongación de la vida, he podido constatar lo expuesto anteriormente con la lectura de un libro publicado recientemente en el marco de la iniciativa OpenMind (BBVA), El próximo paso: la vida exponencial, que “presenta una visión, forzosamente parcial y esquemática, del potencial de las llamadas «tecnologías exponenciales» y sus implicaciones económicas, sociales, medioambientales, éticas e, incluso, ontológicas. La idea fundamental que recorre el libro es que la humanidad se encuentra en los inicios de una revolución tecnológica de desarrollo acelerado, en comparación con otras anteriores, y de un alcance tal que va a generar transformaciones que solo comenzamos a imaginar. Porque las tecnologías que están emergiendo van a cambiar —están cambiando ya— lo que parecían constantes fundamentales de la naturaleza humana: hoy parece posible mejorar drásticamente la memoria de las personas, sus procesos cognitivos, sus capacidades físicas e intelectuales, y aumentar la longitud de su vida hasta extremos que pueden cambiar nuestro concepto de mortalidad. Junto con las inmensas posibilidades que todo esto supone, plantea también incógnitas muy relevantes para la especie humana” (2).

Son dieciocho artículos muy interesantes, aunque he centrado mi atención en los once siguientes por tener el denominador común de la proyección social del desarrollo digital exponencial, sin que desmerezcan los restantes, también de importancia considerable: La robótica, los materiales inteligentes y su impacto futuro para la humanidad; El cerebro sensorial aumentado. Cómo conectarán los humanos con el internet de las cosas; El futuro de la comunicación humano-máquina: el test de Turing; Cuando los robots gobiernen la Tierra: el legado humano; Inteligencia artificial de beneficios probados; Avance tecnológico: riesgos y desafíos; Secuenciación completa del genoma. Esfuerzos a gran escala; Ingeniería humana para frenar el cambio climático; Progreso neurotecnológico. Necesidad de una neuroética; Hiperhistoria, la aparición de los sistemas multiagente (SMA) y el diseño de una infraética y, por último, el dedicado a Imponderables tecnológicos: riesgo existencial y una humanidad en transformación.

Como muestra de la importancia de lo aquí expuesto, he profundizado en uno de ellos, Progreso neurotecnológico. Necesidad de una neuroética, escrito por James Giordano, porque es un foco predilecto de mi investigación histórica y donde la realidad digital exponencial se hace más visible por la delimitación de las fronteras éticas actuales. Define la unión de la neurociencia y la tecnología (la neuroC/T) como “aquellos métodos y dispositivos que se utilizan para acceder a evaluar o actuar sobre sistemas neurales”, que se pueden clasificar en:

1. NeuroC/T evaluativa, que incluye métodos genéticos, genómicos y proteómicos, varias formas de neuroimagen (por ejemplo, tomográfica y magnética; encefalografía cuantitativa y magnética) y análisis de biomarcadores para funciones neurológicas y enfermedades neuropsiquiátricas concretas.

2. NeuroC/T intervencionista, que incluye medicamentos neuropsicotrópicos y métodos farmacológicos novedosos, dispositivos neuromoduladores, como por ejemplo la estimulación magnética transcraneal (EMT) o la estimulación eléctrica transcraneal (EET), la estimulación cerebral profunda (ECP) y los estimuladores de nervios craneales y periféricos, así como implantes y trasplantes de tejido neural y genético y sistemas neuroprotésicos de interfaz cerebro-máquina.

El artículo permite conocer el alcance actual de esta investigación sobre el cerebro, en un siglo que estará dedicado a él, tal y como lo he venido afirmando en mis publicaciones al respecto: el siglo XXI es el siglo del cerebro, al igual que el XX se dedicó -mutatis mutandis- al corazón. En 2006 escribí en mi primer blog, lo siguiente: “Este cuaderno, que poco a poco se va configurando, tiene su razón de ser en el cerebro, donde se instala la inteligencia digital y donde está su primer motor inmóvil [Aristóteles, dixit] que permite desde la preconcepción desarrollar capacidades fabulosas de ser en el mundo. Lo que pasa es que siempre se trabaja en la actualidad con una mala noticia: no sabemos casi nada de lo que pasa en la caja fantástica a la que llamamos “cerebro”. De todas formas, hemos comenzado una aventura fascinante porque en este rincón del mundo vamos a hacer un esfuerzo por democratizar lo que vamos sabiendo del mismo y lo vamos a poner a disposición de la comunidad red. Seguro que entre todos vamos a tejer una malla de conocimiento en todas sus posibles manifestaciones. Llegará el día que podamos abrir categorías y páginas (en lenguaje bloguero) divulgativas, especializadas, de investigación democratizada y no solo de la élite del poder que da siempre el conocimiento, con objeto de hacer un homenaje permanente al auténtico patrimonio de la humanidad todavía por descubrir. Cien mil millones de posibilidades (neuronas) para grabar acontecimientos vitales, diferentes, que caracterizan a cada ser humano, me parece algo sorprendente. También, ilusionante”.

Todo se ratifica con avances espectaculares como los que preconiza el profesor Giordano. Además, existen en la actualidad proyectos como “BRAIN” que nos depararán novedades de avances exponenciales espectaculares gracias al mundo digital, proceso que ya es irreversible. Este proyecto sigue avanzando a pasos agigantados después de cuatro años de singladura científica, cuando el presidente Barack Obama lo presentó en el Discurso sobre el Estado de la Unión, el 2 de abril de 2013, liderado científicamente por el profesor español Rafael Yuste, que le acompañaba en dicho acto, en una tarea ardua de dibujar el mapa del cerebro humano. La Administración de Estados Unidos programó una inversión de más de 120 millones de dólares para iniciar una investigación que permitirá conocer las causas de enfermedades como el Alzheimer, la epilepsia y el Parkinson. Esta inversión se estimó que se llevaría a cabo a un ritmo de aportación de 300 millones de dólares por año durante la vida del proyecto.

Dijo Obama en aquél encuentro que: “Hoy podemos identificar galaxias a años luz, o estudiar partículas más pequeñas que el átomo, pero todavía no hemos desvelado el misterio de las tres libras [unos 1.300 gramos] de materia que tenemos entre las orejas. […] La nuestra es una nación de soñadores, de gente que se arriesga. Los ordenadores, internet y otros avances germinaron con la financiación del Gobierno, y el próximo gran proyecto de Estados Unidos es la iniciativa del cerebro”.

El proyecto tiene un horizonte de quince años, hasta el año 2028 en el que se estima que ya se podrá cartografiar con éxito total el cerebro y los circuitos neuronales, sistema que lidera el profesor Rafael Yuste en la Universidad de Columbia. Se sabe que el proyecto nació anecdóticamente en un congreso en Chicheley, un pueblo entre Londres y Birmingham, en septiembre de 2011, en un debate entre Yuste y George Church, genetista del mapa del genoma humano. En ese encuentro científico Yuste afirmó que le gustaría registrar la actividad de todas las neuronas a la vez, capturar todos los impulsos eléctricos con los que se comunican entre ellas, para dibujar el mejor mapa posible del cerebro en movimiento.

En la actualidad, el proyecto tiene un marcado carácter público por su financiación y directrices científicas, aunque la colaboración de grandes empresas es obvia por tener recursos suficientes para el tratamiento ingente de la información que, asombrosamente, procesa el cerebro todos los días: “La obsesión de que el plan sea público es para compartir, sin patentes, el mapa completo de toda la actividad neuronal en la web para que neurólogos, físicos y químicos investiguen. En enero, un grupo de científicos se reunieron con Google, Amazon y otras empresas para asegurarse de que habrá capacidad suficiente para almacenar en “una nube” los datos obtenidos. Cada millón de neuronas puede necesitar tres petabytes (tres millones de gigas) con lo que un cerebro entero puede ocupar hasta 300.000 petabytes. Los expertos californianos en datos ya han tranquilizado a los científicos: no hay problema y menos dentro de 15 años” (3). Tecnología exponencial digital en estado puro.

En este marco tan motivador, el profesor Giordano hace una reflexión ejemplarizante sobre el desarrollo exponencial de la investigación en Neuro C/T: “En primer plano está la necesidad de considerar la neurociencia un empeño humano y de asumir la responsabilidad por la bondad o maldad de las aplicaciones del conocimiento científico. Las investigaciones del cerebro abren nuevas perspectivas de comprensión y pueden alterar la manera en la que los seres humanos y no humanos, como por ejemplo animales, máquinas artificialmente inteligentes, etcétera, son vistos y tratados. Además, la neurociencia proporciona medios para controlar la cognición, la emoción y la conducta. Aunque el uso de estas destrezas puede estar guiado por motivos «loables», la neurociencia no se pone en práctica en un vacío social y, por tanto, las intervenciones y manipulaciones de neuroC/T están sujetas a las influencias del mercado y de la orientación política. Así pues, es vital preguntarnos cómo se utilizarán y distribuirán estos bienes y recursos y qué efectos tendrán su uso y su aplicación en individuos, colectivos y la sociedad en general. La necesidad de innovar, lo novedoso de los enfoques, las limitaciones actuales del conocimiento y las incertidumbres resultantes de los beneficios, cargas y perjuicios relativos de la neuroC/T tienen un gran número de implicaciones neuroéticas, legales y sociales o INELS”. Este último, es un nuevo concepto con el que tendremos que convivir científica y socialmente para avanzar en esta investigación tan prometedora para el presente y futuro del ser humano.

Especial mención deseo hacer de la vertiente investigadora del cerebro en el ámbito europeo, con participación española, a través del Human Brain Project, enmarcado en el Horizonte 2020. El proyecto lo dirige la École Polytechnique Fédérale de Lausanne y participan, entre otros muchos partners, el Centro de Supercomputación de Barcelona, el Instituto Allen para las Ciencias del Cerebro, SAP, IBM, el Instituto Pasteur de Francia, la Universidad Cornell de Estados Unidos, la Universidad Libre de Berlín, la Universidad de Harvard, la Universidad de Yale, la Universidad de Oxford o el King’s College de Londres. El proyecto utiliza seis plataformas de investigación, entre las que se encuentra la neuroinfomática, la estimulación neurológica, la computación de alto desarrollo, el hardware neuromórfico, la informática médica y la neurorobótica. Es muy interesante conocer con detalle los avances exponenciales del proyecto, verdaderamente asombrosos.

Para finalizar, he escogido una frase del artículo de Giordano, que me parece paradigmática en el momento actual por la irreversibilidad del avance exponencial del mundo digital de amplio espectro: “El debate y las explicaciones éticas pueden hacer mucho ruido, pero serán discursos vacíos a no ser que exista un esfuerzo explícito por dotar de contenido a las directrices y políticas […]. Sin embargo, el ritmo del desarrollo científico y tecnológico a menudo supera al de la formulación de las políticas. Esto por un lado podría verse como la oportunidad de mantener un discurso profundo y abierto sobre ciencia y tecnología y sus repercusiones y efectos en la sociedad; por otro puede hacer pensar en la formulación de políticas reguladoras como algo retrospectivo y reactivo antes que reflexivo y proactivo. Así, para cuando se introducen políticas reguladoras, se puede estar en realidad implementando una gobernanza de efectos obsoletos y una ciencia y una tecnología que ya se han quedado «viejas»”.

Sevilla, 26/VI/2017

(1) Downes, Larry y Mui, Chunka (1999). Aplicaciones asesinas. Estrategias digitales para dominar el mercado. Boston (Massachusetts): Harvard Business School Press. El título ha intentado respetar el del original en inglés, aunque hubiera sido más correcto el de Desarrollos devastadores. Recomiendo consultar el constructo “aplicación asesina” en el mundo digital para comprender su significado exacto.
(2) AAVV (OpenMind), El próximo paso: la vida exponencial. Madrid: BBVA, 2016
(3) Ramírez, María (2013, 2 de abril). Obama presenta con el español Rafael Yuste su proyecto para estudiar el cerebro. El Mundo, ed. digital.

La respuesta está en la inteligencia digital

CEREBRO

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean prohibidas para siempre?

La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Bob Dylan, Soplando en el viento (Blowin´in the wind)

He leído recientemente una entrevista apasionante con Josep Reger, responsable tecnológico de Fujitsu para Europa, África, Oriente Medio e India. Fujitsu es una empresa que conozco muy bien, he trabajado con ella en proyectos emblemáticos y estratégicos de la Junta de Andalucía y sé que invierte mucho esfuerzo empresarial en investigación y desarrollo digital. Tiene, por tanto, mi respeto antecedente y consecuente.

Reger plantea cuestiones de Estado Digital. Por esta razón, he analizado con detalle la citada entrevista y deseo realizar algunas observaciones sobre el contenido de la misma que me gustaría precisar. Quien me conoce sabe que he trabajado muchos años en estrategias públicas digitales y en las que siempre he tenido un hilo conductor: la inteligencia pública digital como motor de cualquier transformación social, con el imperativo categórico de que tiene que desarrollarse como estrategia de Estado. Por esta razón, coincido con él, para empezar, en una de sus reflexiones estrella: “La democracia antes se limitaba a cuestiones puramente políticas. En el futuro las decisiones democráticas van a girar cada vez más sobre la tecnología, sus consecuencias y sobre su influencia en la sociedad. Y por eso, necesitamos que haya una alfabetización tecnológica en la clase política. Tenemos que observar a nuestros parlamentos y preguntarnos cuántos de sus diputados entienden la tecnología y sus consecuencias. El panorama es preocupante: hemos de preguntarnos si necesitamos más representación de la tecnología en el brazo legislativo”. Totalmente de acuerdo, ante la ausencia clamorosa en nuestro país, sin ir más lejos, de estrategias públicas digitales de amplio espectro, como los antibióticos, sobre la que he escrito en bastantes ocasiones en mi blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante.

En la entrevista hay un hilo conductor que me ha preocupado en su planteamiento teórico y práctico, al manifestar que “Tenemos un problema: no entrenamos a la gente para el trabajo creativo. La universidad empezó hace muchos años intentando enseñar conocimiento, pero el conocimiento es cada vez menos importante; la creatividad a la hora de solucionar problemas lo es cada vez más”. Creo, sinceramente, que el término “conocimiento” es muy amplio y emparentado en muchas ocasiones con algo que caracteriza al género humano sobre los demás géneros y especies: la inteligencia, que es la que posibilita el conocimiento, porque es la capacidad para resolver problemas., cualquier problema, incluso los que genera la mal llamada “inteligencia artificial”. Sí estoy de acuerdo en que no vale cualquier conocimiento porque la inteligencia digital es la que tiene que presidir todos los currícula de la educación, a cualquier nivel en que se trate, pero si el denominador común de la misma es la proyección en conocimiento de la inteligencia digital, el éxito está garantizado. Una auténtica revolución en la Universidad actual española, sin ir más lejos.

Así lo he explicado en múltiples intervenciones públicas, al definir la inteligencia digital en cinco grandes acepciones que se pueden aplicar a diferentes ámbitos de la vida personal y profesional. Si, además, se proyecta sin cambiar sus acepciones primigenias al mundo público, político y administrativo, el éxito está servido, es decir, la respuesta ya no está en el viento del conocimiento a secas. Es así como lo concibo, en el texto y contexto del que habla Reger en su entrevista, tomando como base mi conceptualización de la inteligencia pública digital en la que el principal:

1. La ciudadanía es capaz de adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan en la relación con el Gobierno y la Administración digital, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida [la habilidad] de haberse hecho muy capaz de ella [por la voluntad del Gobierno correspondiente], en el marco de lo propugnado por el Artículo 103 de la Constitución al referirse de forma muy breve a la Administración. Conocimiento digital cocreativo en estado puro

2. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba mediante disposiciones, el desarrollo de la capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).

3. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba que la inteligencia pública digital permite a la ciudadanía, a la que sirve, adquirir conocimiento por empoderamiento, como capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para el contexto comunitario o cultural en el que viva, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).

4. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe saber discernir que la inteligencia digital es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás (Machine Learning, Big Data, ecosistemas de Blockchain), a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

5. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica del doble uso, con una vigilancia adecuada por parte de la Administración Pública (a través de Big Data de nuevo cuño, con nuevas fronteras éticas digitales).

Siempre recuerdo al Profesor Stephen Hawking cuando se decantó por una respuesta muy optimista –de las 25.000 que obtuvo- a la pregunta del millón de dólares que lanzó al ciberespacio en los primeros días de Julio de 2006: ¿cómo sobrevivirá la especie humana los próximos 100 años? Incluso hoy, a la inteligencia artificial, al big data, a la tecnología blockchain. La solución escogida confiaba en el ser humano. Prodigioso. Quedó claro que la respuesta no era inocente y albergaba una gran esperanza respaldada por un sabio no distraído, sino pre-ocupado por el sentido de la vida y su futuro. La respuesta está en las personas, en su conocimiento, no en los robots. Así de expeditivo. Y la ha dado un internauta muy particular, Semi-Mad Scientist (científico casi loco), tal y como lo recogió como reportaje muy impactante el diario El País, en su edición de 24 de agosto de 2006: “el caos no es algo nuevo, sino que “ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo”, y que, a pesar de todo, el ser humano ha logrado sobrevivir. Afirma que somos una especie que siempre se ha adaptado y que seguiremos haciéndolo. Aunque reconoce que ahora hay peligros nuevos e identifica tres amenazas graves: una guerra nuclear, una catástrofe biológica y el cambio climático. Está convencido de que “los recursos que tenemos ahora probablemente no existirán en 100 años”, pero añade que “tampoco existían en el siglo pasado”. El científico casi loco sostenía que si Europa sobrevivió a la peste negra del siglo XIV, que se llevó por delante a un tercio de la población, el ser humano logrará superar cualquier catástrofe que pueda ocurrir. Después, él mismo se interroga sobre su optimismo: “¿Que por qué tengo está fe en la humanidad? Porque debo tenerla. (..) Creo tan firmemente que sobreviviremos como que el sol saldrá mañana”. Si no hay fe en la supervivencia, no puede haberla en nada más, concluye”.

La respuesta, decididamente, ya no está en el viento. Desde aquel aprendizaje ilusionante de 1972, donde todos los progresistas tarareábamos la canción de Dylan, han pasado 45 años, en el convencimiento de que merecía la pena luchar por dar respuesta a aquellas preguntas tan llenas de interés en un país que buscaba la libertad desesperadamente. Aunque sigamos preguntándonos con una actualidad rabiosa cómo podemos responder las cuestiones que planteaba aquella canción a las que seguimos obligatoriamente obligados a atender a pesar del tiempo transcurrido. Aunque cuestionemos, cada vez más, el porqué de la separación entre las personas, barrios, y naciones del planeta Tierra en estos tiempos modernos (otro título de Dylan, en 2006), más o menos como el protagonista de la película del mismo nombre (estrenada hace más de ochenta años) y cuya sinopsis nos recuerda la respuesta del científico casi loco que ha entusiasmado a Hawking: “un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje de su trabajo. Después de pasar un tiempo en el hospital recuperándose, al salir es encarcelado por participar en una manifestación, en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín por lo que gana su libertad. Una vez fuera de la cárcel reemprende la lucha por la supervivencia, lucha que compartirá con una joven huérfana que conoce en la calle”. Fe en la supervivencia.

Por primera vez, en homenaje a Chaplin, Dylan y Hawking, cualquier parecido con la realidad actual de la inteligencia digital en estado puro ya no es tampoco pura coincidencia. Como Hawkins, la inteligencia humana permitirá al ser humano sobrevivir en un mundo digital sorprendente, cambiante, pero que no tiene vuelta atrás. La respuesta ya no está en el viento, repito, sino en el conocimiento aplicado que le permite a cada uno su inteligencia digital. Es el gran valor a construir y defender en la nueva ética digital a nivel mundial.

Por último y como decía Steve Jobs en sus presentaciones oficiales de carácter anual, … y una cosa más, una declaración de principios que siempre me acompaña: los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, permiten hoy creer que llegará un día en que sabremos cómo funciona el cerebro cada segundo, y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que nos lo han facilitado, porque la inteligencia digital desarrolla la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Eso sí, cuando están al servicio de la ciudadanía, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso: la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz.

Sevilla, 19/VI/2017

NOTA: la imagen que encabeza esta publicación se reproduce por cortesía del profesor Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional. Figura en mi publicación Inteligencia digital. Una introducción a la noosfera digital, contextualizada, en la pág. 71 de la misma.

Nada humano y digital me es ajeno

Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.

Nicholas Negroponte, El mundo digital

Comienzo hoy un nuevo proyecto digital que he estado madurando en los últimos meses. Las personas que me siguen en la Noosfera ya conocen mi incursión permanente en el mundo digital a través del blog El mundo sólo tiene interés hacia adelante, especializado en divulgación humanista de corte digital, pero ha llegado el momento de navegar en la especialización relacionada con el mundo digital contextualizado en la revolución social exponencial, al que tanto aprecio. Tendrá un ámbito más profesional, pero sin abandonar la divulgación científica, aunque cuidaré los contenidos que se necesitan rescatar en estos momentos de posverdad que también afectan a este sector de la ciencia.

El título del blog, Nada digital me es ajeno, como casi todo lo que rodea mi vida personal y profesional, no es inocente. Recuerdo que Cremes, un personaje curioso que protagoniza una obra del dramaturgo Terencio, El enemigo de sí mismo, pronunció una frase al comienzo de la obra, inolvidable, profunda, que no ha perdido su frescura a pesar de los siglos que han transcurrido desde que se escribió en un texto y contexto muy concretos: Hombre soy; nada humano me es ajeno (Homo sum; humani nihil a me alienum puto).

He agregado a esta frase excelente un nuevo adjetivo, digital, que me ha acompañado de forma expresa desde hace veinte años, cuando leí una obra iniciática de Nicholas Negroponte, El mundo digital, que significó un giro copernicano en mi vida profesional y que tampoco olvido. Espero ofrecer teoría crítica de calidad científica suficiente para ayudar a transformar la sociedad actual, que sufre cambios tecnológicos exponenciales desde hace ya muchos años, instalada en la cuarta revolución industrial, donde hay muchas preguntas holísticas sin responder, con sustrato legal, ético y social de un calado excepcional.

Sevilla, 18/VI/2017